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Hagakure, el libro secreto de los samurai

Una nota que nos comenta el libro clave para entender el modo de pensar de los samurais

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Es sabido que los guerreros japoneses conocidos como samurais estructuraban su conducta bajo el cógido conocido como bushido (el camino del guerrero). El término “budo”, heredado de los chinos, designaba el arte de administrar los negocios civiles y los militares. Esta idea se enriqueció con una dimensión ética, y el budo empezó a significar, desde entonces, la obediencia al código y la adquisición de las virtudes.

Los samuráis tomaron de las diferentes éticas religiosas aquellos principios susceptibles de ayudarles a fortalecer su espíritu, para completar la práctica y táctica de su código.

El budismo le dio al samurai un ideal de serenidad, de confianza en el destino y de aceptación tranquila de lo inevitable. Le enseñó, sobre todo, a menospreciar la muerte y a no temerla. Le dio la fuerza necesaria para trascender la vida y la muerte. Es conocida una frase muy popular que refleja lo que decimos y que en su momento era muy popular entre los guerreros: “Parecida a la flor del cerezo, dispuesta a morir con el primer soplo de la brisa matutina.”

Pero no vamos a hablar en esta nota de los detalles generales de los samurais , sino de un documento tan importante que llegó a ser llevado por todo samurai dentro de sus armaduras y leído y releído hasta la memorización total, se trata del Hagakure .

Antes del siglo XVII no existió código escrito que definiera de forma clara las obligaciones de los samurais . En 1615 apareció el Bukhé-sho-hatto , escrito por el monje zen Suden , a petición de Ieyasu . Este breve escrito estaba destinado a las familias marciales, y comportaba trece preceptos que definían el comportamiento del samurai . Empezaba así: “Las artes literarias, el ejercicio de las armas del arco y de la caballería son los estudios que deben seguir regularmente los samuráis” . Un poco más tarde, en 1868, un tal Daideti Yuzan escribía el Budo Shin Shu , e insistía más en la ética que en los conocimientos.

Hubo que esperar hasta 1716 para que aparecieran los once volúmenes del Hagakure . Tal compendio se habría de convertir en la más celebre de las obras japonesas. Exalta la Vía del Samurai y se halla compuesta por máximas filosóficas. El escritor japonés Yukio Mishima (popularmente llamado “El último samurai”) consideraba al Hagakure como “el solo y único libro”: “Comencé a leerlo durante la guerra y siempre lo tuve cerca de mí o sobre mi mesa de trabajo; y si existe una obra a la que yo me haya referido constantemente, durante veinte años, releyendo un pasaje aquí y allá, sin dejar de sentirme emocionado, esa es el Hagakure ” , decía el escritor.

El Título de la obra es Colección de frases del maestro Hagakure . Según ciertos investigadores este título tiene que ver con el hecho de que el autor se retiró a una cabaña; y según otros, se refiere a que el autor pertenecía al clan del castillo de Saga , que era famoso por estar disimulado tras una espesa cortina de árboles y follaje.

El autor del Hagakure fue Yosho Yamamoto . Había nacido el época del señor feudal Nabeshima Mitsushige . A los nueve años se convirtió en paje del señor. A los veinte, conoció al monje zen Tannen , superior del templo Nabeshima . Este monje íntegro marcó profundamente a Yamamoto . Conoció, más tarde, a un segundo personaje, Ishida Ittei , letrado confuciano, consejero de Nabeshima , quien constituyó también un importante elemento en su vida. Ishida Ittei también era un hombre de gran valor, y estuvo exiliado durante más de ocho años por haberse opuesto a una decisión del Daimío .

Retiro del mundo, génesis del Hagakure

A la muerte de su señor Mitsushige (1700), Yamamoto no pudo hacer seppuku para seguirlo a la muerte. Un decreto de los Tokugawa prohibía esa práctica, siguiendo en esto la prohibición establecida por el propio Mitsushige . Recibió entonces la autorización para hacerse monje y poder retirarse del mundo. Tras haberse rasurado la cabeza, a la edad de 42 años, vivió una vida de semireclusión en una choza, en un lugar llamado Kurotsuchibara , doce kilómetros al norte del castillo de Saga .

Diez años más tarde recibió la visita de un joven escriba. Durante siete años, Tashiro Tsuramoto transcribió todas las conversaciones que había tenido con Yamamoto . Y, a pesar, de la prohibición hecha por aquél, Tsuramoto recopiló y distribuyó sus escritos, con el título de Analectas de Nabeshima , entre los samuráis de Saga.

Durante más de ciento cincuenta años, este texto se mantuvo secreto, convirtiéndose en un manual de instrucción moral entre los daimios y todos los samuráis del clan de los Nabeshima . Ellos no querían divulgarlo, y hubo que esperar hasta la restauración Meiji (1868) para que se hiciera conocido al público. Actualmente existen dos traducciones principales: The Way of Samuari (el camino del Samurai), de Yukio Mishima , y The book of Samourai Hagakuré , de William Scout Wilson , universitario norteamericano.

A continuación, ofrecemos (por razones de espacio) solo algunas de las máximas más cortas del Hagakure . Un libro que el público japonés solo tuvo acceso a principios del siglo XX y que ahora ofrecemos para todo aquel interesado en la cultura japonesa, y claro, en la cultura del Bushido . La cultura Samurai.

“Hay momentos en que realmente se necesita a otra persona. Si tal conducta se repite con frecuencia, se acaba siendo un inoportuno y un descontrolado. Para ciertas cosas, es mejor no depender de los demás”.

“Un samurai debe evitar siempre el quejarse, incluso en la vida corriente. Debe mantenerse en guardia para no dejar escapar jamás una palabra que exprese debilidad. Un comentario anodino hecho inadvertidamente revela frecuentemente el valor de aquel que lo ha hecho”.

“Un hombre valeroso debe mantenerse sereno y no dar jamás la impresión de sentirse desbordado. Sólo las personas insignificantes, cuyo carácter se muestra agresivo, buscan a toda costa la fama y se enfrentan con cuantos tienen a su lado”.

“La mejor actitud que se puede tener con respecto a la palabra es la de no usarla. Si creen que pueden evitarla, no hablen. Aquello que tenga que ser dicho, siempre deberá decirse de forma sucinta, lo más lógicamente posible. Un asombroso número de personas se ridiculizan a sí mismas hablando sin reflexionar y rebajándose notablemente”.

“Una persona que tiene pocos conocimientos se da aires de sabio: es una cuestión de inexperiencia. Cuando uno posee algo, eso no se debe hacer notar en su comportamiento: la persona que obra así está bien educada”.

“Está mal murmurar, y tampoco es bueno alabar sin medida. Un samurai debe conocer su propia dimensión, observar la disciplina sin dejarse distraer y hablar lo menos posible”.

“La lealtad absoluta, frente a frente a la muerte, deberá ponerse en práctica todos los días. Debe empezarse cada mañana meditando tranquilamente, pensando en la hora final e imaginándose las diferentes maneras de morir: alcanzado por una flecha, por una bala, atravesado por el sable, ahogado en el agua, saltando en un incendio, atravesado por el rayo, enterrado por un temblor de tierra, cayéndose por un acantilado, víctima de una enfermedad o de muerte súbita. Se debe comenzar el día pensando en la muerte”.

“Si deseáis perfeccionaros, el mejor medio para conseguirlo es solicitando la opinión de los demás y aceptando sus críticas. La mayoría de las personas tienden a tratar de perfeccionarse fiándose solamente de su propia facultad de apreciación. De este modo no consiguen hacer progresos significativos. Los hombres que buscan las críticas de los demás ya son superiores a la mayoría”.

“La primera palabra pronunciada por un samurai, en la circunstancia que sea, es de extrema importancia. Pues esa única palabra revela ya todo su valor personal. En tiempos de paz, el lenguaje muestra el valor. Pero, del mismo modo, en tiempos de conflicto y destrucción, una gran valentía puede revelarse mediante una sola palabra. Se puede decir entonces, que esa única palabra es la flor del espíritu”.

“Hay un dicho que reza: “cuando sube la marea, el barco se eleva”. En otras palabras, al enfrentarse a las dificultades, se aguzan las facultades. Es cierto que los hombres valerosos cuidan firmemente su talento cuando las dificultades a las que tienen que enfrentarse son importantes. Constituye un imperdonable error dejarse abatir por las pruebas”.

Rudi Borrmann
Estudio Mishima!
lagran7@hotmail.com

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